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Prende la Llama

Corren al viento
del frío otoño
hojas pintadas
de suave luz.

Se arremolinan
por los resquicios
y las paredes
de mi razón.

… y en la chispa
de tu mirada
prendo la llama
y el fuego arde
en mi corazón.

La Musica del Corazon

… y mi corazón
se detiene
a escuchar.
Crece,
y se expande,
hasta que no cabe más,
y se derrama,
por mis mejillas,
y mi alma…

Parece ser que los sonidos no corresponden a ningún idioma como tal, ni tienen traducción a ellos, sino que los ha creado como vehículo especial de sentimientos; una suerte de idioma del corazón.

Ahora lo entiendo mejor.

Frio ardiente

Las muevo, extendidas, anhelantes,
ante un Sol de enero que, lejano y frío,
de espaldas aún a sus promesas de verano,
guarda celoso, distante, su calor.
Ateridas, buscan en mis bolsillos el abrigo de un hogar,
donde atisbar el regalo de una prometida primavera,
huyendo del hiriente aliento de un invierno que,
poderoso, extiende su gélido manto sin piedad.
Y mientras la sangre lucha por teñir sus venas
con la otoñal tibieza robada a mi piel,
yo no acierto sino a pensar, con una sonrisa,
que mis frías manos parco precio son,
para mi corazón ardiente.

Corazón Negro

¿Qué sientes sin sentir nada?
¿Qué negro corazón guardas?
Envuelta con hiel tu alma
y hasta el aire que respiras
que al hablar negro lo exhalas.

¿Qué es para ti la vida?
Negro acontecer de espadas.
Ganar batallas tu ansías
perdiendo en ellas tu alma.

Siembras los campos de sal
por ver que tu odio triunfa
triste es, si lo has de ganar
arrasando vida, arrancando paz.

De bien ganarás batallas
mas perdida has la guerra
pues en tu victoria yerra
lo que en la vida destaca.

Y aún peor que tu derrota
es lo que arrastras a ella,
ciega! torpe! ruin! Soberbia!
incapaz de ver que había
vertida también sangre propia.

Quizás algún día la vida
de odio tus ojos desprenda
ese velo que hoy los cubre
y lo que hoy tu vista elude
mañana tu alma reprenda.

Que no esté yo ahí, dará igual
Pues si me hirió una vez tu odio
no conseguirás de mi más odio
que me hiera por igual.

Porque de tal odio vacío,
podré llenar mi corazón,
de alegrías mares, de risas ríos.
En ello empeñaré mi razón.